Ediciones Emilianenses
DEL INGENIOSO CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Hecho a mano
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Ficha técnica

Autora: Valle Camacho Matute.

Técnica: caligrafía con tinta china, en color.

DEL INGENIOSO CABALLERO DON QUIJOTE DE LA MANCHA

Colección de once pergaminos
caligrafiados: portada de la segunda parte y diez pasajes del famoso hidalgo Don Quijote y su escudero Sancho Panza.


D.L.: LR-240-2015

Primera edición: 2015. Logroño.

Dimensiones: 30 x 30 cm.

PVP: 75 euros/pergamino




1 En un lugar de La Mancha

CAPÍTULO PRIMERO
Que trata de la condición y ejercicio del famoso valiente y valiente hidalgo don Quijote de La Mancha


En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero...
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2 De cómo don Quijote cayó malo
y el testamento que hizo de su muerte


CAPÍTULO LXXIII


¡Ay! -respondió Sancho llorando-. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado: quizás tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver.


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3 Aventura de los molinos de viento
CAPÍTULO VIII
Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación

- Mire vuestra merced - respondió Sancho- que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.

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4 Donde el cautivo cuenta su vida


CAPÍTULO XXXIX
Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos

Digo, en fin, que yo me hallé en aquella felicísima jornada, ya hecho capitán de infantería, a cuyo honroso cargo me subió mi buena suerte, más que mis merecimientos; y aquel día, que fue para la cristiandad tan dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error en que estaban creyendo que los turcos eran invencibles por la mar, en aquel día, digo, donde quedó el orgullo y soberbia otomana quebrantada, entre tantos venturosos como allí hubo…

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5 Donde prosigue la narración de la desgracia de nuestro caballero

El marqués de Mantua
CAPÍTULO V
- ¿Dónde estás, señora mía,
que no te duele mi mal?
O no lo sabes, señora,
o eres falsa y desleal.

Y desta menera fue prosiguiendo el romance, hasta aquellos versos que dicen:

- ¡Oh noble marqués de Mantua,
mi tío y señor carnal!

Y quiso la suerte que, cuando llegó a este verso, acertó a pasar por allí un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga de trigo al molino; el cual, viendo aquel hombre allí tendido, se llegó a él y le preguntó que quién era y qué mal sentía, que tan tristemente se quejaba. Don Quijote creyó, sin duda que aquel era el marqués de Mantua, su tío, y, así, no le respondió otra cosa sino fue proseguir en su romance, donde le daba cuenta de su desgracia y de los amores del hijo del Emperante con su esposa, todo de la mesma manera que el romance lo canta.

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6 Bodas de Camacho


CAPÍTULO XXI
Donde prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos sucesos

DPero volviendo un poco en sí Basilio, con voz doliente y desmayada dijo:

- Si quieres, cruel Quiteria, darme en este último y forzoso trance la mano de esposa, aún pensaría que mi temeridad tendría desculpa, pues en ella alcancé el bien de ser tuyo.

El cura oyendo lo cual, le dijo que atendiese a la salud del alma antes que a los gustos del cuerpo y que pidiese muy de veras a Dios perdón de sus pecados y de su desesperada determinación. A lo cual replicó Basilio que en ninguna manera se confesaría si primero Quiteria no le daba la mano de ser su esposa, que aquel contento le adobaría la voluntad y le dará aliento para confesarse.

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7 De lo que sucedió a Sancho Panza
rondando su ínsula

CAPÍTULO XLIX
Segunda Parte

Iba Sancho en medio con su vara, que no había más que ver, y, pocas calles andadas del lugar, sintieron sintieron ruidos de cuchilladas; acudieron allá y hallaron que eran dos solos hombres los que reñían, los cuales, viendo venir a la justicia, se estuvieron quedos, y el uno dellos dijo:

- ¡Aquí de Dios y del rey! ¿Cómo y que se ha de sufrir que roben en poblado en este pueblo y que salgan a saltear en él en la mitad de las calles?

- Sosegaos, hombre de bien -dijo Sancho-, y contadme qué es la causa desta pendencia, que yo soy el gobernador….

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8 Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don Quijote
en el discurso de los amores de Altisidora


CAPÍTULO XLVI

Dejamos al gran don Quijote envuelto en los pensamientos que le habían causado la música de la enamorada doncella Altisidora: acostóse con ellos, y, como si fueran pulgas, no le ddejaron dormir ni sosegar un punto, y juntábansele los que le faltaban de sus medias. Pero como es ligero el tiempo y no hay barranco que le detenga, corrió caballero en las horas,
y con mucha presteza llegó la de la mañana, lo cual visto por don Quijote, dejó las blandas plumas y nonada perezoso se vistió su acamuzado vestido y se calzó sus botas de camino, por encubrir la desgracia de sus medias; arrojóse encima su mantón de escarlata y púsose en la cabeza una montera de terciopelo verde, guarnecida de pasamanos de plata.

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9 De la venida de Clavileño


CAPÍTULO XLI
Segunda Parte
De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura

…y queriendo dar remate a la estraña y bien fabricada aventura, por la cola de Clavileño le pegaron fuego con unas estopas, y al punto, por estar el caballo lleno de cohetes tronadores, voló por los aires con estraño ruido y dio con don Quijote y con Sancho Panza en el suelo medio chamuscados.

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10 Donde se cuenta lo que en él se verá


QCAPÍTULO IX
Segunda Parte
Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, como suele decirse. Era la noche entreclara...
No se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando rebuznaba...

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11 Portada de la segunda parte


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Noticia en el Diario La Rioja


 
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